Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El joven Kung estaba contentísimo: «No me atrevo a ser vuestro maestro, pero podemos inclinarnos juntos sobre la sabiduría». Entonces él le preguntó por qué la casa había permanecido inhabitada durante un largo tiempo.
El joven le respondió: «El propietario de la casa se ha marchado de la región. Nosotros procedemos de Schensi y hemos alquilado la casa por algún tiempo. Sólo hace un par de días que nos hemos trasladado aquí».
Ambos hablaron y se gastaron mutuamente bromas, y el joven le invitó a pasar la noche allí. Hizo que un muchachito encendiera un brasero de carbón.
Luego desapareció en la habitación interior; pronto volvió y dijo: «Mi padre está aquí».
Mientras Kung se levantaba, entró un anciano de larga barba blanca y con las cejas también blancas y le dijo a modo de saludo: «Estáis de acuerdo en instruir a mi hijo, os estoy muy agradecido, pero no debéis tratarlo como a un amigo, tenéis que ser exigente con él».