Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Hizo que trajeran ropa de seda y una gorra de cebellina y también le ofreció medias y zapatos, para que pudiera cambiarse. Le Nevaron vino y comida. Los cojines y los manteles, la mesa y las sillas eran de materiales desconocidos para él. El brillo abigarrado de los colores que lo formaban cegaba la vista. Después de haber bebido unos vasos de vino, el anciano se volvió a retirar y entonces el joven mostró sus composiciones. Todas ellas eran al estilo de las de los viejos maestros y no en octavas modernas.
Cuando le preguntó por qué, el joven le respondió sonriendo: «No me importa nada aprobar los exámenes del Estado».
Volvió a tomar la copa y escanció más vino.
Luego se dirigió al criado: «¡Vete a ver si el viejo señor está ya dormido!; si duerme puedes ir a buscar sin ruido a la pequeña Hiang-Nu».
El criado salió. El joven hizo sonar un estuche bordado. Al momento entró una esclava vestida de rojo y de gran belleza. El joven le hizo cantar «el lamento de los enamorados». Los tonos emocionados hacían fundirse el corazón. Luego se hizo traer otra gran copa de la cual bebieron. Ya era la hora del tercer relevo antes de que fueran a dormir.