Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Un día, Ho Huans estaba delante de la puerta espiándola. El muchacho, que no tenía ninguna experiencia, sintió que en su corazón crecía un sentimiento fuerte y mal conocido. Se lo contó todo a su madre y le pidió que enviara a alguien a buscar a la muchacha. La madre sabía que eso no era posible; por eso puso reparos. El muchacho se puso triste y se extraviaron sus pensamientos. La madre, preocupada, accedió al deseo de su hijo y envió a alguien a que fuera a visitar a la familia para concertar el matrimonio. Allí decían que no a todo. El muchacho veía ahora a su amada en todo lo que hacía y no sabía qué hacer.
Un día se encontró con un taoísta delante de la puerta. Llevaba una azadita de un pie. El muchacho la cogió en la mano, la observó y le preguntó que para qué servía.
El taoísta repuso sonriente; «Es para cavar las hierbas. Es una herramienta pequeña, pero con ella se pueden romper las piedras más duras».
El chico no se lo creía; entonces el taoísta golpeó con ella un muro de piedra y verdaderamente se vino abajo con el primer golpe y se rompió. El muchacho estaba maravillado. Tenía el objeto en la mano y no quería devolverlo.
El taoísta le dijo sonriendo: «Como quieres tenerlo, te lo regalo».