Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El muchacho le ofreció encantado dinero, pero él no cogió nada. El muchacho se metió en casa con la azada. La probó con cantos y con piedras, no había nada que superara su fuerza. Entonces se le ocurrió que podría ver a su amada si hacía un agujero a través del muro. Se lo propuso sin tener malos pensamientos. Trepó rápidamente el muro de su patio y se marchó directo a casa de la amada. Tuvo que atravesar dos muros para llegar al patio interior. En un cuartito se veía todavía luz. Se deslizó de puntillas y se puso a espiar. Margarita estaba dentro vestida con un camisón. Poco después apagó la luz y todo estaba tranquilo y silencioso. Hizo un agujero en la ventana y entró. La muchacha estaba ya profundamente dormida. Poco a poco se quitó los zapatos y se deslizó sin hacer ningún ruido hacia la cama. Tenía miedo de que la muchacha pudiera despertarse y echarle fuera, por eso se arrastró silenciosamente hacia el borde interior de la cama y se echó allí junto a las colchas bordadas. Un suave perfume llegó a él y todas las penas de su corazón desaparecieron. Como había trabajado la mitad de la noche estaba muy cansado. Un rato más tarde, cerró los ojos y se durmió sin darse cuenta. La muchacha se despertó, oyó su respiración, abrió los ojos y vio el agujero en la pared. Se asustó muchísimo. Se levantó rápidamente y despertó a la sirvienta sacudiéndola. Descorrieron el cerrojo y salieron fuera, luego llamaron a la ventana del cuarto anexo donde dormían las otras sirvientas y pidieron ayuda. Vinieron todos, encendieron la luz, armados con palos para ver lo que ocurría. Entonces vieron a un estudiante joven que dormía dulcemente sobre la colcha de la cama. Miraron más de cerca y entonces vieron que se trataba del joven Ho Huans. Hubo que sacudirle para que se despertara. Se puso de pie. Sus ojos veían como estrellas fugaces y por eso no parecía muy asustado. Todos le trataron como a un ladrón y, en medio del susto, se pusieron a gritarle.