Cuentos Chinos

Cuentos Chinos

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El joven volvió a casa, preparó el pescado y se lo dio a su madre para comer. Se mejoró de su enfermedad y un par de días más tarde ya estaba sana. Entonces él cogió un caballo y un mozo y se marchó a buscar al anciano. Cuando llegó al sitio en que había estado anteriormente, no encontró el emplazamiento del pueblo. Con la búsqueda fue pasando el tiempo. La noche cayó poco a poco, los alrededores eran escabrosos y no se podía ver claramente. Él se separó del mozo y subió a una montaña para ver si veía un lugar habitado por hombres. La ladera de la montaña era pedregosa y escarpada, y no se podía seguir a caballo, así que tuvo que subir a pie. Subió la niebla nocturna y por mucho que miraba no veía ningún pueblo. Quiso descender de la montaña, pero no encontraba el camino, y el miedo le hacía arder el corazón como si fuera de fuego. En medio de la trabajosa búsqueda encontró un muro abrupto del acantilado que descendía. Por suerte, unos pies más abajo había una pequeña llanura herbosa en la que podía echarse en caso de necesidad y era justo de la anchura necesaria. Miró hacia abajo y vio ante sí la profundidad negra y sin fondo. Tenía tanto miedo que no se atrevía a moverse. Por suerte, al borde del abismo crecían unos arbolitos que le rodeaban como si fuera una barandilla. Un poco más tarde descubrió bajo sus pies la abertura de una pequeña cueva. La alegría le caldeó el corazón; se metió en ella a cuatro patas. Pensaba descansar un poco y al día siguiente pedir ayuda. De repente vio en las profundidades una lucecita como una estrella. Se dirigió hacia allí. Dos o tres millas más tarde vio de repente edificios. No se veía ninguna vela encendida, y sin embargo había la misma claridad que si fuera de día. Una linda muchacha salió de una casa. Le miró y era Margarita. Cuando lo vio dijo asustada: «¿Cómo has encontrado el camino que conduce hasta aquí?». El joven no se tomó el tiempo de responder, la agarró por la mano y se puso a llorar con fuerza. La muchacha lo hizo sosegarse y le preguntó por la madre y por su hijo. Él le contó entonces todo su sufrimiento y Margarita también se emocionó.


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