Cuentos Chinos

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Un día, el maestro subió a su cátedra y empezó a hablar de la gran verdad. Sun Wu Kung comprendió el sentido oculto y empezó a bailar y a dar vueltas de la alegría. El maestro le paró: «Sun Wu Kung, todavía no has olvidado tu salvajismo. ¿Cómo se te ocurre comportarte tan indecentemente?». Sun Wu Kung le respondió haciendo una reverencia: «Os escuchaba con atención y en mi corazón comprendí el sentido de la palabra, y sin darme cuenta empecé a bailar de alegría; no fue el movimiento de un ser salvaje». El maestro le dijo: «Si verdaderamente estás maduro, voy a confiarte la gran verdad. Esta verdad, sin embargo, se puede alcanzar por trescientos sesenta caminos. ¿Qué camino debo enseñarte?». Sun Wu Kung le dijo: «El que queráis, maestro». El maestro dijo: «¿Debo enseñarte la magia?». Sun Wu Kung le preguntó: «¿Qué enseñanzas se aprenden en ella?». El maestro le contestó: «Se aprende a conjurar a los espíritus, a interrogar al oráculo y conocer con anterioridad la suerte o la desgracia». «¿Se puede alcanzar la vida inmortal?», le preguntó Sun Wu Kung. «No», le respondió. «Entonces no lo aprenderé». «¿Debo enseñarte la ciencia?». «¿Qué es la ciencia?». «Son las nueve escuelas de las tres religiones. Se aprende a leer las sagradas escrituras, a hacer encantamientos, tener trato con los dioses y poder llamar a los santos». «¿Se puede alcanzar así la vida inmortal?» «No». «Entonces no la aprenderé». «El camino de la calma es muy bueno». «¿Qué significa eso?». «Se aprende a vivir sin alimentos, a permanecer sin hacer nada en la calmada pureza y a permanecer sentado sumido en la concentración». «¿Se puede alcanzar con ella la inmortalidad?» «No». «Entonces no la aprenderé». «El camino de las acciones es también muy bueno». «¿En qué consiste?». «Se aprende a equilibrar las fuerzas de la vida, a ejercitar el cuerpo, a preparar el elixir de la vida, a deshacer la niebla y a dominar la respiración». «¿Se puede alcanzar la vida inmortal a través de ello?». «Tampoco». «¡Pues no la aprenderé, no la aprenderé!». Entonces el maestro se enfadó, saltó del púlpito, cogió el bastón y siguió hablando: «¡Este mono! ¡Esto no quiere aprenderlo, aquello no quiere aprenderlo! ¿Qué esperas?». Mientras hablaba con él, le sacudió tres veces en la cabeza con el bastón, se metió en la habitación interior y cerró detrás de sí la puerta principal. Los discípulos estaban muy enfadados y asediaron a Sun Wu Kung con reproches. Pero él no se preocupaba de eso, sino que sonreía tranquilo para sí; había entendido el acertijo que el maestro le había propuesto. Pensaba para sus adentros: «El que me haya golpeado tres veces la cabeza quiere decir que en la tercera hora de guardia debo estar preparado. El hecho de meterse en el cuarto interior y de cerrar la puerta principal detrás de él significa que tengo que ir por la puerta de atrás y que en secreto me confiará la gran verdad». Esperó hasta la noche y se acostó en apariencia con los demás discípulos para descansar, pero cuando hubo comenzado la tercera hora de la guardia nocturna se levantó silenciosamente y se deslizó a la puerta de atrás. Y sí que la encontró entreabierta, se deslizó dentro y llegó delante de la cama del maestro. El maestro dormía con la cara vuelta hacia la pared. No se atrevió a despertarle y se arrodilló delante de la cama. Un rato más tarde, el maestro se incorporó y le recitó un verso:


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