Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En otra ocasión, el malvado Tsau había sobornado a los enemigos de su señor para que le traicionaran y tomaran la ciudad. Él marchó delante con algunos caballeros para dar la noticia y desbaratar el plan, pero, de camino, cayó en una emboscada y fue hecho prisionero junto con su hijo, y a ambos Ies condujeron a la capital del reino enemigo. El príncipe de aquel país habría visto con buenos ojos que se pusiera de su lado; sin embargo, él juró que no se doblegaría, aunque tuviera que morir por ello. Con lo cual, el padre y el hijo fueron condenados. Una vez muertos, su caballo, Liebre Roja, dejó de comer y murió. Había también un fiel amigo, gran señor, cuyo nombre era Dschou Dsang, que era de rostro negro y que llevaba un gran cuchillo. Acababa de ocupar una fortaleza cuando se enteró del triste fin de su duque. Desenfundó su espada y se dio muerte a sí mismo. También otro de sus vasallos se arrojó al foso de la ciudad y pereció ahogado al enterarse de la noticia.
En aquellos tiempos, había un monje que vivía en la montaña del manantial de nefrito. Había sido uno de sus hombres y un antiguo conocido del duque. Por la noche iba a pasear a la luz de la luna.
En una ocasión escuchó una voz llevada por el viento que gritaba: «¡Quiero volver a tener mi cabeza!».