Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Tan pronto como se fundaba una nueva casa, había que asegurarse de los espíritus que la guardaban, por eso se le construyó un templo y se le ofrecían sacrificios, y pasó a formar parte del número de los dioses ricos. Igual que a Confucio, se le ofrecen bueyes, ovejas y cerdos en sacrificio. Su rango fue aumentando a lo largo de los siglos. Primero se le honró como al príncipe Guan, luego como rey, finalmente como gran dios que había vencido al demonio; la última dinastía le ha honrado como divino ayudante del cielo. Recibe, asimismo, el nombre de divinidad protectora de la guerra y es un salvador fuerte que ayuda en caso de cualquier necesidad, cuando los dioses sufren las plagas de los gobernantes y de los demonios. Es corriente que reciba honra junto con Confucio, el señor de la paz, él, que es el señor de la guerra.
Las manifestaciones de su fuerza espiritual son incontables. Baste el ejemplo que damos a continuación.
En Ju Dschou vivía un hombre, que era un alcohólico y un jugador, que golpeaba y maldecía continuamente a su madre. Tenía un hijito que acababa de cumplir un año. La abuela le sacó de la mano para que diera un paseo, pero, a consecuencia de un movimiento descontrolado, cayó al suelo. El niño se puso enfermo a consecuencia del miedo que había pasado. La anciana tuvo miedo de la cólera de su hijo y se marchó de la casa.