Cuentos Chinos

Cuentos Chinos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando el hombre despertó, se sentó bajo un gran árbol que había junto al templo y esperó todo el día a que ocurriera lo que había soñado. Al final, cuando el sol iba a empezar a ponerse, llegaron ocho personas por el camino, que el mendigo reconoció fácilmente como los ocho inmortales. Siete de ellos iban muy deprisa; pero uno, que tenía una pierna tullida, iba a la cola de los demás. Ante él —se trataba de Li Tiá Guai— se postró el hombre en el suelo. Pero el tullido no quería saber nada de él y le dijo que siguiera su camino. Sin embargo, el pobre no cejó en su empeño de suplicarle que le dejara ir con él y pertenecer al grupo de los inmortales. El tullido le dijo que eso era imposible. Pero el pobre no dejaba de pedir y de postrarse ante él, hasta que al final le dijo: «Bueno. ¡Sujétate con fuerza a mi túnica!». El hombre así lo hizo y pasó rápidamente sobre los caminos y los campos, siempre más lejos, siempre adelante. De repente, se encontraron en la torre de Pong-Iai-schang, la conocida montaña de los espíritus del mar del Este. Y, fíjate, allí estaban también los otros inmortales. Estaban muy molestos por el huésped que Li Tiá Guai había traído. Como el pobre rogaba tan insistentemente, se dejaron conmover ellos también y al final dijeron: «¡Bueno, ahora vamos a zambullirnos en el mar, si nos sigues podrás convertirte en un inmortal!». Y los siete, uno tras otro, saltaron al mar. Cuando le tocó el turno al hombre, le entró miedo y no quiso dar el salto. El tullido le dijo: «Si tienes miedo no podrás convertirte en un inmortal».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker