Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Pronto llegaron al patio del Palacio del Zar. En aquel momento se hallaba el Zar sentado a la mesa y cuando vio la nave voladora, se quedó muy sorprendido y mandó un criado que fuese a ver quién volaba en aquella nave. El criado salió a ver y volvió al Zar con la noticia de que quien conducía la nave no era más que un pobre y mísero campesino. El Zar reflexionó. No le gustaba la idea de dar su hijo a un simple campesino y empezó a pensar cómo podría desembarazarse de aquel indeseable yerno durante un año. Y se dijo: "Le exigiré que realice antes varias hazañas de difícil cumplimiento". Y mandó decir al tonto que, para cuando acabase la imperial comida, le trajese agua viva y cantante.
Cuando el Zar daba esta orden al criado, el primero de los compañeros a quien el tonto había encontrado, es decir, aquel que estaba escuchando lo que pasaba en el mundo, oyó lo que el Zar ordenaba, y se lo dijo al tonto.
- ¿Qué puedo hacer yo? -dijo el tonto.- Aunque busque un año y toda la vida no encontraré esa agua.
- No te apures -le dijo el Pierna Ligera,- yo lo arreglaré.
El criado se acercó a transmitir la orden del Zar.