Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Martín se cargó el saco de arena y fue en busca de trabajo a otro pueblo. Anda que andarás, anda que andarás, llegó a un bosque enmarañado y en el interior del bosque había un claro y en el claro un círculo de fuego y en el centro del círculo una doncella tan hermosa que daba gloria mirarla. Y la hermosa doncella le dijo:
- Martín, hijo de la viuda, si quieres ser feliz, sírveme; apaga el fuego con la arena que has ganado con tu trabajo.
- Y bien, ¿por qué no? -pensó Martín.- ¿Qué he de hacer con este saco que pesa tanto? Es preferible socorrer con él a una persona.
Y como lo pensó lo hizo. Desató el saco y esparció la arena por el fuego. Enseguida se extinguió la hoguera, pero la hermosa doncella se transformó en una serpiente, se enroscó a la cintura y al cuello del muchacho y le dijo:
- ¡No temas, Martín, hijo de la viuda! Ve sin miedo a la tierra de Tres Veces Diez, al mundo subterráneo que gobierna mi padre. Pero ten presente lo que te digo: él te ofrecerá plata y oro y piedras preciosas a manos llenas; tú no aceptarás nada de lo que te ofrezca, pero le pedirás la sortija que lleva en el dedo meñique. Esa sortija no es una sortija cualquiera. Si la cambias de dedo, doce jóvenes campeones se te aparecerán inmediatamente, y en una noche harán lo que les mandes