Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El mozo se puso a caminar y al cabo de muchos días y muchas noches llegó al país de Tres Veces Diez, y al pasar por una roca levantada en medio del camino, la serpiente saltó de su cuello y se convirtió en la hermosa doncella de antes.
- Sígueme -dijo a Martín, mostrándole un agujero debajo de la roca.
Durante mucho tiempo estuvieron andando por aquel túnel hasta que llegaron a una llanura al aire libre, y en mitad de esta llanura se levantaba un castillo de alabastro, con tejados de escamas de oro, y pináculos de oro.
- Ahí es donde vive mi padre, el Zar de esta región subterránea -dijo la hermosa doncella.
Los viajeros entraron al castillo y el Zar los recibió amablemente.
- Mi querida hija, no esperaba verte por aquí. ¿Por dónde te has estado arrastrando todo este tiempo?
- ¡Mi querido padre y luz de mis ojos: me hubiera perdido para siempre a no ser por este joven que me salvó de una muerte irremediable!
El Zar se volvió a mirar amistosamente a Martín y dijo:
- Gracias, joven. Estoy dispuesto a premiarte con lo que desees. Toma cuanto quieras de mi plata, de mi oro y de mis piedras preciosas.