Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - ¡Yo soy el principal, yo soy el principal!
"Bueno -pensó Elena- veo que no os puedo coger con esto; pero ya daré en el clavo".
Mandó que le trajeron once copas ordinarias y una de oro puro. Ella misma las llenó de vino y se las ofreció a los jóvenes invitándoles a beber. Pero ninguno quiso ni mirar a las copas ordinarias y todos alargaron la mano para coger la de oro, armando tal algarabía, que nadie se entendió y todo el vino se derramó por el suelo. La Zarevna comprendió que le había fallado la treta e invitó a los criados del Zarevitz a pasar la noche en palacio. Los trató a cuerpo de rey y les preparó lechos muy blandos, y cuando los doce jóvenes dormían como troncos, la tres veces sabia Elena se introdujo en el dormitorio que les había destinado y examinando su libro de magia descubrió al momento cuál de ellos era Iván, el hijo del comerciante. Entonces cogió sus tijeras y cortó unos rizos de la sien izquierda del indicado, pensando para sí: "Con esta señal te conoceré mañana y te castigaré".
Pero al día siguiente, Iván, el hijo del comerciante, se despertó antes que nadie y al posarse la mano por la cabeza notó que le habían cortado el pelo. Inmediatamente saltó de la cama y despertó a todos sus compañeros:
- ¡Pronto, hermanos, coged vuestras navajas y cortaos los rizos!