El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Martín... quien será Martín pensaba Lea. Miraba la puerta por la cual se suponía que entraría esta persona cuando observó que en la mesa había un paquete de Marlboro Box, una pila de hojas rayadas, un lápiz negro, una botella de agua mineral. Cuando miró a Ernesto, esto sonrió y le dijo:
—Quisimos crearte un ambiente agradable y familiar. Tenemos la foto de tu gata pero salió fuera de foco, por eso no la pusimos. Golda se llamaba la otra, ¿a esta como le pusiste?
Lea no alcanzó a estremecerse con esa confesión de violada privacidad, porque se estaba abriendo la puerta y hacia allí dirigió su mirada.
Uno de sus acompañantes del viaje la había abierto y detrás de él ingresó un anciano.
Lea calculó unos 80 años, estatura más bien baja, poco pelo, rasgos claramente europeos. Caminaba con alguna dificultad y traía consigo una caja de cartón.
Los dejaron a solas. El anciano se sentó en la silla frente a Lea, se acomodó y recién en ese momento levantó la cabeza y la miró fijamente.