Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, doncella, la premura que tengo es mucha, pues no volveré a estar contento hasta que no alcance a ese escudero que habéis visto. Haréis bien esperándome en algún sitio que queráis: os prometo lealmente que regresaré a buscaros.
—¿Me prometéis que regresaréis por mÃ, sin emprender otra persecución precipitada?
—SÃ, si no es un asunto que afecte a mi honor, y si puedo esquivarla.
—Os esperaré en este castillo, en el que habrá una gran alegrÃa por vos. Estáis muy herido, tendréis que alojaros en un sitio cómodo esta noche, en el que se os puedan ver las heridas con tranquilidad.
—Que sea tal como deseáis. Haced que lleven este escudo al castillo, pues no querrÃa abandonarlo por nada del mundo.
Con esto, mi señor Galván se va y la doncella regresa al castillo, llevando el escudo; allà hace que preparen una gran acogida, pues el duque y el vasallo quieren esforzarse en honrarle y servirle. El duque ha ordenado que cuelguen al senescal al lado de su hermano, pues en aquel tiempo no habÃa señor en la tierra más justiciero que él.