Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván cabalga hasta llegar a un bosque alto; después de ir por él un buen rato, se encuentra a un hombre que va a pie, con una espada desnuda en la mano derecha y la vaina en la izquierda; habla consigo mismo, diciendo:
—«¡Ay, Dios! ¿Por qué no me hice matar antes? No quiero esta vida para nada».
Cuando mi señor Galván lo oye, se dirige hacia donde está; el hombre lo mira y se da cuenta de que es mi señor Galván; rápidamente se mete entre los árboles, huyendo a pie lo más deprisa que puede, pues teme ser reconocido. Mi señor Galván reconoce en él al muchacho al que va persiguiendo; pica espuelas y sale tras él, gritándole:
—Muchacho, en mala hora huyes; no temas, si alguien te hace algún daño y yo me entero, haré que lo pague caro, pues eres uno de los hombres que más amo del mundo.
El joven envaina la espada y, al hacerlo, le pregunta:
—Señor, ¿sabéis a quién sirvo?
—Sí que lo sé, a Lanzarote del Lago, al que conozco tan bien como tú.
—Señor, decidme antes de seguir, por vuestra lealtad, quién sois y cómo os llamáis.
—Mi nombre es Galván, y soy sobrino del rey Arturo.