Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Bien lo podéis ver.
—Señor —le dicen entonces a mi señor Galván—, no combatiremos contra vos; nos ponemos a vuestra merced y a vuestra disposición.
—Haced conmigo —añade el que se habÃa llevado el rocÃn— lo que queráis vos y el escudero, pues tomé su caballo en un momento de gran necesidad. Tomad mi espada, os la rindo.
El otro se queda admirado.
—Venid —le pide el otro caballero—, ya que me priváis de mi combate, decidme vuestro nombre.
—No digáis que os privo de vuestro combate; luchad con él, a condición de que responderéis por el daño que ha hecho y por el que vos hagáis, en caso de que resultéis vencedor.
—No lo haré; pero os ruego que me digáis vuestro nombre.
—Por Dios, nunca me encontré con nadie a quien le ocultarÃa mi nombre, y no lo esconderé por vos. Me llamo Galván y soy sobrino del rey Arturo.
—Señor, gracias. Ciertamente, sois tan noble y valiente que no cometerÃais una afrenta tan grande como la de privarme de mi batalla; por eso, renuncio a ella con mucho gusto, ya que asà lo deseáis.