Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mientras que la reina estaba desmayada, entró una doncella, grande y muy bella, vestida con una tela de seda blanca como la nieve; tras ella entraron otras damas, tres caballeros y hasta diez criados. La doncella y sus servidores subieron a las habitaciones de la reina, que volvió en sí al oír el ruido, y que decían: «sed bienvenida, señora». Se frota los ojos y va a su encuentro; dándole un abrazo, le da la bienvenida. Luego, se sientan encima de una alfombra y empiezan a hablar juntas.
Habían cerrado las puertas de la habitación principal por Lanzarote, que de nuevo está enloquecido, e intenta romperlas: nadie se atreve a abrir. La doncella recién llegada pregunta qué es, y la reina le responde entre suspiros y no pudiendo evitar que las lágrimas le acudan a los ojos, dice que es un caballero digno de gran compasión, «pues era uno de los mejores caballeros del mundo y ahora ha caído en una locura tan grande que nadie puede mantenerse a su lado».
—Señora, abrid la puerta y dejad que lo vea.
—Ahora es más cruel que en ningún otro momento.
Y la reina le cuenta cómo había llegado a un buen punto, y después volvió a enloquecer tan pronto como le quitaron el escudo del cuello.
—Señora —dice la doncella—, haced que abran la puerta, pues me gustaría verlo.