Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La reina ordena que abran la puerta. Lanzarote intenta salir, pero la doncella lo sujeta por el puño y lo llama con el nombre que le solía dar cuando lo criaba en el lago, pues era ella la que lo había criado, dándole el nombre de Bello Hallado. Apenas lo nombra, él se detiene y siente una gran vergüenza. La doncella pide que le traigan el escudo, y así lo hacen.
—Mi dulce amigo —le dice—, me habéis cansado tanto, que he venido de muy lejos a liberaros.
A continuación, le coloca el escudo en el cuello; Lanzarote soporta todo lo que ella le hace. Al ponerle el escudo, vuelve a su cordura. Ella le da la mano y lo acuesta en una alfombra. Lanzarote la ha reconocido y comienza a llorar con amargura, mientras que la reina se pregunta admirada quién puede ser. Cuando vuelve en sí, se ve el escudo al cuello y dice:
—Señora, quitadme este escudo, pues me está matando.
—No lo haré, y no se os quitará mientras yo no quiera.
Luego, llama a una de sus doncellas y le pide que saque de un cofre que llevaba un ungüento muy rico: lo toma y se lo frota en las muñecas, en las sienes, en la frente y la nuca. Apenas lo ha hecho, Lanzarote se queda dormido. La doncella vuelve con la reina, y le dice: