Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando todos estuvieron reunidos, la doncella recomienza sus palabras y pide al rey que haga leer las cartas que le ha llevado. Éste se las entrega al clérigo que considera que habla mejor y más lleno de sabiduría. El clérigo despliega el pergamino; al leer la carta de principio a fin siente tal angustia que las lágrimas le caen de los ojos por el rostro hasta el pecho. El rey, que lo está mirando, se sorprende más que antes y todos los que lo ven sienten gran miedo. «Hablad —le ordena el rey—, pues ya me tarda demasiado en oír tales noticias».
El clérigo mira a la reina, que estaba apoyada en el hombro de mi señor Galván, y al verla se le enfría todo el corazón por la angustia que siente, y el corazón le oprime el vientre, de tal forma que no podría decir una palabra por la boca aunque en ello le fuera la cabeza; y empieza a tambalearse.
Mi señor Yvaín, que era muy gentil y discreto, se da cuenta y piensa que ha visto en las cartas alguna desgracia referida al rey; se adelanta a sujetarlo y el clérigo se desmaya entre sus brazos. El rey se sorprende más aún y se pregunta admirado qué dirán las cartas; llama rápidamente a otro clérigo y se las entrega. Éste, tras leerlas, empieza a suspirar y a llorar con amargura, arroja las cartas al regazo del rey y se vuelve con grandes muestras de dolor; al pasar delante de la reina, exclama: