Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay, señora, señora, qué dolorosas noticias hay ahÃ!
Luego se mete en una habitación, lamentándose tanto que no puede más. La reina se queda muy extrañada.
El rey no se olvida del asunto, sino que llama a su capellán y, cuando llega a su presencia, le dice:
—Señor capellán, leedme esas cartas; os requiero, por la fe que me debéis y por la misa que habéis cantado hoy, para que me digáis todo lo que encontréis escrito en ellas, sin ocultar nada.
El capellán toma el pergamino; después de mirarlo con detenimiento, suspira profundamente y le pregunta al rey:
—Señor, ¿tendré que leer la carta en público?
—SÃ, asà tiene que ser.
—Ciertamente, siento tener que decir las palabras que causarán aflicción y tristeza a todos los de vuestra corte. Si pudiera ser, os pedirÃa por Dios que se las hicieseis leer a otro. Pero me habéis conjurado de tal forma que no puedo rehusar.
—Señor, tenéis que leerlas.