Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces, el capellán empieza a hacerlo en voz tan alta que toda la corte lo oye, y dice asÃ: «Señor, la reina Ginebra, hija del rey Leodagán, saluda al rey Arturo, tal como debe, y a toda su compañÃa de nobles y caballeros. Rey Arturo, me quejo en primer lugar de ti mismo y, después, de todos tus nobles, y quiero que sepan todos que te has comportado deslealmente conmigo, mientras que yo he sido leal contigo. Y eres tal, que no deberÃas ser rey, pues no es propio de reyes tener mujer en concubinato, según haces: es verdad probada que fui unida y juntada a ti en leal matrimonio, ungida y consagrada como reina y compañera del reino de Logres, en la iglesia del mártir San Esteban, de la ciudad de Logres, capital de tu reino. Poco tiempo me duró tal dignidad, pues sólo fui señora un dÃa y una noche; entonces, fui robada y llevada fuera, por consejo tuyo o por el de algún otro. Ésa fue colocada en mi lugar, aunque era camarera y servidora mÃa: ahora es la Ginebra que tú tienes por esposa y por reina. Buscó mi muerte y procuró que perdiera mis posesiones, cuando deberÃa librar su cuerpo a la muerte con tal de salvarme. Pero Dios, que nunca olvida a los que esperan su misericordia, me sacó de sus manos gracias a unos a los que amo más que nada en el mundo; y a pesar de que he vivido en el destierro y sin mis posesiones, ahora —gracias a Dios— he vuelto a recuperar mi honor y mi heredad: te requiero que de forma leal y justa, con el juicio de tu séquito y ante él, se tome venganza de tamaña deslealtad, y que ésta, que te ha tenido en pecado mortal durante tanto tiempo, sea entregada al martirio y a la destrucción, igual que ella intentó destruirme.