Historia de Lanzarote del Lago

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—Buen señor, por la misericordia de Dios, no lo hagáis, pues no podréis escapar con vida: no se debe emprender nada semejante sin tomar consejo; esperad a que Dios os dé más virtudes de las que ahora tenéis, de forma que os podáis vengar, y yo os ayudaré con todo mi poder, pues a nadie amo tanto como a vos.

Farién le da numerosos consejos y Lionel acepta su opinión y decide esperar hasta que pueda vengarse.

—Mientras tanto —concluye—, procurad que no vea ni a Claudás ni a su hijo, pues no podría evitar la venganza en cuanto viera a alguno de los dos.

Así pasaron aquella noche. Farién tenía mucho miedo por su señor, al que veía tan enfadado que en toda la noche ni en el día siguiente puso buena cara, por más que se lo rogaron; Farién sabía que difícilmente conseguirían que abandonara su idea. Se esforzó en apaciguarlo, pero no logró que se alegrara.

El día siguiente, cuando el senescal de Claudás fue a buscar a los niños, Lionel no había vuelto a comer: estaba acostado en una habitación y decía que se encontraba enfermo. El sobrino de Farién estaba haciendo que Boores comiera, aunque a grandes penas lo conseguía, y no lo hubiera hecho si Lionel no lo hubiera forzado a ello y aún así, le resultaba difícil. En aquel momento estaba sentado Farién delante de Lionel y lloraba con amargura.


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