Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, vos me dais un consejo para que me salve, y asà lo veo; haré lo que me decÃs, pero os ruego y suplico por Dios que escuchéis mi confesión en todos los demás pecados, pues estoy aquà en situación del que piensa que es más fácil morir que seguir viviendo.
A continuación declara todos los pecados que recuerda, y el ermitaño llama a los caballeros y le dice al rey cuando todos pueden oÃrlo: «Arturo, te conozco mejor que tú a mÃ, aunque todavÃa me conocerás más cuando te haya dicho quién soy. Me llamo Fray Amustans, fui capellán tuyo durante siete años y medio y vine del reino de Carmelida con la reina Ginebra, hija del rey Leodagán; pienso que soy el hombre del mundo que conocerá mejor la verdad acerca de cuál de las dos Ginebras fue tu esposa, pues conozco más sus secretos que nadie: lo sé todo de ella, desde el primer dÃa hasta el dÃa en que dejé el mundo y entré en religión; reconoceré sin dificultad a la que la Santa Iglesia te ordenó que tomaras». Cuando el rey oye al ermitaño, que le acaba de decir su nombre, lo reconoce y da gracias a Dios y lo adora. Después de confesarse y arrepentirse, recibió a su Salvador y no pasó mucho tiempo hasta que empezó a aliviársele el dolor, según quiso Dios, y se quedó dormido: todas sus gentes se pusieron muy contentas al verle descansar. Tres dÃas permaneció el rey allà hasta que mejoró, comiendo con gusto; luego se dirigió al santo ermitaño y le dijo: