Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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Cuando Lanzarote llegó al río y vio la tabla larga y estrecha y a los tres caballeros en la otra parte, se detiene y les pregunta si el paso le está prohibido, pero no le contestan. Al ver que no dicen nada, decide que no dejará de intentarlo por ellos, si es que alguna vez debía ir al otro lado un fiel enamorado. Adelanta el pie derecho; se había quitado el escudo del cuello, va al otro lado de la tabla poco a poco, como si fuera un sendero, y como si fuera el más ágil y firme de todos los caballeros. Al llegar a la mitad de la tabla, vio al caballero que tenía la lanza dispuesto a golpearle en el cuerpo, pero se quedó callado; separa el escudo del cuello tanto como le permite el brazo y coloca su lanza bajo la axila. La lanza del caballero golpea contra su escudo y él se sujeta en la tabla lo más firmemente que puede y arroja el escudo contra la lanza hasta que se le queda clavado en ella. Entonces tira el escudo fuera del camino, para que no le moleste, dejándolo caer al río. Calcula muy bien su golpe y corre tan rápido como los pies le pueden llevar hacia los tres que le están esperando; golpea al de la lanza con la suya bajo el cuello, derribándolo tan aturdido que no puede levantarse; a la vez ataca a los otros dos con tal fuerza que los derriba al suelo y cae encima de uno, pero tarda poco en volver a levantarse pues tenía agilidad y fuerza. Se pone en pie con rapidez y coge al que había debajo de él tumbado y aturdido, lo lleva hasta la tabla y lo arroja al río; luego, desenvaina la espada y regresa para atacar a los otros dos que había dejado en el suelo, pero no consigue encontrar a ninguno y se admira de forma extraordinaria.


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