Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se retuerce las manos y se golpea con ellas continuamente, se arranca los cabellos en abundancia, rasga sus vestidos con tanta violencia que los trozos caen a su alrededor, lejos y cerca, se araña el rostro y el cuello de forma que la roja sangre le cae por el cuerpo hasta el suelo, grita y se lamenta dando voces tan altas que se le puede oír a la distancia de un tiro de arco. Ante tales muestras, el pueblo se reúne y todos cuantos lo ven tienen gran compasión por él, y lloran con tanta amargura como si estuvieran viendo morir al ser más querido.
Es grande el duelo que hacen Farién y los que con él están: es tanto el ruido y el tumulto que Claudás lo oye sin dificultad desde su palacio. Se pregunta admirado qué puede ser, hace que se enteren y le contestan que procede de la torre. Al punto envía allí a un servidor y poco después ve a su mensajero que regresa huyendo con gran miedo de morir, pues los de la ciudad lo persiguen con hachas y espadas, lanzas y cuchillos agudos y cortantes, que le arrojan a la espalda: le han hecho tres heridas para las que necesitará médico si quiere curarse.
El rey se admira al ver a su servidor que vuelve de tal forma. Le pregunta qué ha ocurrido y le dice gritando como puede, débil por la sangre que ha perdido por las heridas: