Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Meleagant se marcha, monta a caballo y cabalga hasta la entrada del bosque, donde se detiene a mirar, por si alguien va tras él.
A menos de dos tiros de arco le estaban esperando más de cien caballeros armados. Meleagant no entra en el bosque, sino que se queda parado. En la casa del rey Arturo lo comentan, y todos hablan de su arrogancia y de su gran orgullo, hasta que se entera Keu el senescal, que estaba comiendo en las salas de abajo: se levanta de la mesa, va a su alojamiento, se arma y regresa ante el rey, al que le dice:
—Señor, os he servido durante mucho tiempo; ya no me agrada seguir haciéndolo: os pido licencia para irme.
—¿Cómo —le pregunta el rey sorprendido—, senescal, lo decís de verdad?
—Sí, señor; sin lugar a dudas.
—¿Por qué?
—Señor, tal es mi voluntad ahora.
—No lo haréis; si es un capricho, abandonadlo; os ruego, por el amor y la lealtad que me debéis, que os quedéis.
—Señor, no me lo roguéis, pues no hay nada en este mundo que me haga renunciar, salvo una cosa que no os voy a decir.