Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Continúan y al cabo de unas dos leguas, llegan a otro castillo, en el que entran. Si le dijeron bastantes afrentas a Lanzarote en el primer castillo, ahora le dicen bastantes más, y no hay personas grandes o pequeñas que no corran tras él. Asà lo acompañan hasta una gran cerca construida por muro de canterÃa; la carreta entra en ella.
—Bajad —ordena el enano a Lanzarote.
—Antes me darás noticias de mi señora.
—Ya las sabréis.
—Las sabré de otra forma.
—¿No os queréis quedar a dormir aquà esta noche?
—No, prefiero seguir adelante.
—Si queréis saber lo que vais buscando, os tendréis que quedar a dormir aquÃ. Pero si no sois valiente y atrevido, no os quedéis, pues de aquà no escapa nadie que no sea valiente.
Lanzarote siente una gran angustia por esto, pues si se queda, sabe que mi señor Galván le reconocerá; y si se va, está seguro de que el enano lo tendrá por cobardÃa: se apea y ve venir dos doncellas que salÃan de una alta torre, y que le muestran una gran alegrÃa a mi señor Galván. Lanzarote las saluda: una de ellas le dice:
—Por Dios, señor caballero, os deberÃais guardar mucho de saludarnos.