Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Keu siente tal dolor que poco falta para que pierda la razón y le dice que está dispuesto a defender las palabras de la reina o mediante juicio o en batalla. Meleagant envía a buscar a su padre que aún estaba acostado y que, al oír las noticias, se pone en pie encolerizado y hace que Lanzarote se levante para que vaya con él. Entonces Lanzarote se dio cuenta por primera vez de que se había cortado la piel de las manos con la ventana; va con el rey. Al llegar a la habitación, Meleagant le dice a su padre:
—Señor, mirad la sangre en las dos camas; hacedme justicia con esta dama por la que me he arriesgado a morir. Me rechazó y ahora tengo las pruebas de que se ha portado mal conmigo y nadie podrá defenderla.
—Señora —le pregunta el rey—, ¿qué es esto? ¡Qué falta habéis cometido!
—Señor —contesta la reina—, no lo creáis, y que Dios no me vuelva a ayudar si Keu tuvo alguna parte en mí; Lanzarote, bien sabéis si me consideran desleal los que me conocen.
—Señora —contesta Lanzarote—, que Dios os defienda, pues ciertamente Keu no lo hizo y vos ni siquiera lo hubierais pensado, y no hay en este mundo ningún caballero frente al cual yo no os defendiera.
—Ciertamente —dice Meleagant—, bien lo va a necesitar, pues si vos os atrevéis a defenderla, yo estoy dispuesto a demostrarle su deslealtad.