Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Meleagant monta en su caballo y el rey y la reina suben a las ventanas. Galopan los caballos desde lejos, se quiebran las lanzas y se golpean con los caballos, con el cuerpo, con el rostro, de manera que a los dos les saltan chispas de los ojos en la cabeza, les vuelan las abrazaderas de la mano y saltan las boclas de ambos escudos; de los yelmos sale fuego ardiente y las espaldas les golpean contra los arzones traseros. Meleagant empieza a sangrar de nuevo y Lanzarote empuña la espada, colocándose el escudo delante de la cabeza y ataca a aquél a quien odia a muerte, que se defiende como puede, pues es muy valiente a pesar de que es traidor y despiadado. Pero toda resistencia es en vano, pues al final Lanzarote lo puso de tal situación que era peor que antes. Cuando el rey ve que la batalla se convierte en afrenta para su hijo, no puede soportarlo, pues la compasión por la propia carne le aconseja como a padre; se dirige a la reina y le dice:
—Señora, por Dios y mis servicios, os ruego que hagáis que la batalla quede aquí.
Ella le contesta:
—Id a separarlos vos mismo.
El rey se acerca a Lanzarote y le dice:
—Dejad de combatir, pues así lo desea mi señora.
—¿Es cierto, señora?
—Sí —contesta la reina.