Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Por la mañana, en cuanto apareció el día, Boores se levanta y va a oír misa a una capilla de dentro del castillo; después, pide sus armas y se las traen; se armó lo mejor que supo. Mientras se ataba el yelmo, se acercó a él la hermana mayor y le dijo:
—Señor, buen día os dé Dios.
Él le devuelve el saludo, diciéndole que Dios la bendiga.
—Señor, ¿por qué os hacéis armar con tanta prisa?
—Porque querría acudir a la atalaya de este castillo.
—¿Tenéis ciertamente tal intención?
—Lo veréis en breve.
A continuación, ordena a su escudero que le traiga el caballo. Éste lo hace; Boores monta y se dispone a marchar, cuando la doncella lo llama de nuevo:
—Señor, esperad un poco hasta que vuelva de ahí arriba.
—Id, doncella, y volved pronto.
La doncella lo hace así. Cuando vuelve, trae una lanza de corta asta gruesa y de punta aguda y cortante; de ella colgaba una rica enseña de jamete blanco, que estaba sujeta con cinco clavos de oro.