Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ay, noble caballero Lanzarote, ojalá quisiera Nuestro Salvador que supierais esta noticia y estuvierais a media legua de aquÃ. Ciertamente, con la ayuda de Dios y vuestra, yo podrÃa ser rescatada a pesar de todos mis enemigos. Pero no sabéis nada y tendré que morir por la vida que os salvé ante Dios; no me pesa tanto por mà como por la tristeza que vos tendréis cuando lo sepáis. Me consuela mucho el saber que las doncellas ganarán tanto con mi muerte como para que ninguna os pida ayuda y que vos le falléis, pues os acordaréis de mÃ, ya que vuestro corazón es tan noble que no puede dejar de devolver con creces todo lo que las demás doncellas reclamen por mÃ: me parece que es mucho mejor para mi alma morir por haber sido leal y por haber sacado de la prisión a un hombre tan valiente como vos, a que vos hubierais muerto por la deslealtad de Meleagant que os apresó de forma traidora.
De esta forma hablaba la doncella con gran ternura mientras lloraba; en esto, llegó Lanzarote picando espuelas hacia el lugar en el que la vio; entonces les dice a los que la sujetaban:
—¡Dejad a la doncella!
—¿Por qué, señor —le pregunta un caballero armado que sale a su encuentro—, por qué la vamos a dejar?
—Porque no tenéis ningún derecho a hacerle daño.