Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Ella se lo promete lealmente. Entonces, toma la palabra la doncella de Glocedún y le pregunta por qué abandonó su casa en tal hora, y él se lo cuenta: todos se echan a reír al oírlo. Aquella noche Boores recibió un alojamiento tan bueno como quiso y le hicieron tan grandes honores, que se sentía apesadumbrado, pues le parecía que no los merecía.
Por la mañana, tan pronto como pudo ver el día, se levantó y se armó después de oír misa. El señor del lugar le ofreció a Lambegue unas armas buenas y hermosas, y se las dio; éste se preparó lo más rápidamente que pudo. Los dos compañeros se pusieron en marcha encomendando a Dios a las doncellas; reemprendieron el camino llevándose a la doncella del Lago y cabalgaron juntos hasta después de mediodía. Se encontraron a un caballero desarmado, que montaba un gran caballo; llevaba puesto un vestido de cendal ligero por el calor que hacía. Saluda a los caballeros tan pronto como se le acercan y ellos le devuelven el saludo.
—Buenos señores, me parecéis caballeros andantes.
Le contestan que lo son.
—¿Qué buscáis por aquí?
—Señor —contesta Boores—, buscamos a un caballero al que ya querría haber encontrado.
—¿Quién es?
—Señor, mi señor Lanzarote del Lago.