Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¿No? Señor, por Dios, entonces os las daré, aunque tenga que morir en este mismo lugar, pues, si Dios quiere, no faltaré a la palabra dada ni siquiera por salvar mi vida.
A continuación, Lanzarote se desarma muy angustiado y le entrega al caballero todas las armas, menos la espada. Cuando está completamente desnudo, el caballero lo mira y ve que está ensangrentado por delante y por detrás; lo siente mucho, pero se arma y luego le dice a Lanzarote:
—Señor, ¿a dónde vais?
—No lo sé, sigo a esta dama.
—Si queréis, iré por vos y vos os podéis volver, porque estáis en mal estado y muy herido.
—Por Dios, señor caballero —dice la vieja—, no quiero tal compañÃa como sois vos. No vendrá nadie más que él.
—Señora, no puedo hacer otra cosa entonces.