Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —SÃ, sabed que están sanos y salvos, y por eso he venido, pues querÃan que su gente supiera cómo están; y les envÃan a sus dos maestros unas pruebas que, según creo, no tendrán dificultad en reconocer. Por eso os pido y ruego que me dejéis hablar con ellos, pues es muy necesario.
—Doncella, procuraré que lo podáis hacer. Pero, por Dios, decidme —si puede ser— en qué lugar están mis dos señores, y si están en manos de Claudás o de otros enemigos suyos.
—Sólo os puedo decir que están sanos, salvos y a gusto, en un lugar donde los quieren tanto como vos los querrÃais o más, y no tienen que estar preocupados por nadie que les desee hacer daño. Pero no podéis saber en qué sitio están.
—Doncella, voy a intentar que habléis con los dos maestros, pero si no os importa, les diré a mis gentes, para que se alegren, que he oÃdo noticias fidedignas de nuestros señores, y el gozo será grande.
—Señor, me parece bien, pero que nadie intente preguntarme nada más, pues os he dicho como secreto cuanto os he revelado.
—Nadie os obligará a decir nada más.
Entonces la abraza y vuelve con su gente, a los que les dice que tiene noticias de los dos niños, que están sanos y salvos, y que se encuentran fuera del poder de Claudás y de sus enemigos.