Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¿Cuánto? Os debo amar tanto como a mi vida misma, y en vos hay más generosidad, bondad y amor que en mi maestro Farién, a quien hice llamar porque no me encontraba a gusto, y sin embargo no ha venido, a pesar de que lo amaba mucho y de que creÃa que si yo tuviera todo el mundo en mi poder, él serÃa más el señor que yo. Vos os arriesgasteis a morir por mÃ, aunque no me conocÃais; que Dios no vuelva a ayudarme si tengo un maestro que no seáis vos, mientras vos queráis enseñarme, pues no podrÃa encontrar mejor maestro: en nadie se debe confiar tanto como en el que lo ama a uno más que los otros.
Cuando la doncella lo oye, siente tal compasión que las lágrimas le van del corazón a los ojos; lo abraza y empieza a llorar con ternura, besándole los ojos y la boca. Entonces entra Lambegue en la habitación y cuando Lionel lo ve, lo saluda y él se arrodilla y le pregunta que cómo le ha ido.
—Mal, pero gracias a Dios, ahora me va mejor, pues he olvidado algunos de mis dolores y mis penas.
Mientras tanto, la doncella sigue teniéndole abrazado por el cuello. Lambegue le dice:
—Señor, mi tÃo y maestro vuestro os saluda.
—Ya no es maestro mÃo, aunque vos seguÃs siendo maestro de Boores, pues habéis acudido a darle alivio en su malestar. ¿Qué tal está Farién?
—Señor, gracias a Dios está sano y salvo.