Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después de pasar una vez por delante del estrado, la doncella se vuelve y entra en la habitación de la que había salido. Mi señor Galván la acompaña con los ojos mientras puede. Cuando ya no la ve mira delante a la mesa en la que estaba sentado, pero no ve nada que pueda comer, porque la mesa está vacía, aunque todos tienen tal abundancia de comida como si manara allí mismo. Al ver esto se sorprende, porque no sabe qué decir ni qué hacer, pues se da cuenta de que ha obrado mal en algo y por eso no ha tenido el alimento como los demás; se resiste a preguntar hasta que las mesas sean levantadas. Después, cuando las mesas ya habían sido retiradas, salieron del salón y se marcharon unos por una parte y otros por otra, de modo que mi señor Galván no supo qué había ocurrido con todos ellos. Cuando fue a bajar al patio no pudo salir de allí, pues la puerta del salón había sido cerrada muy bien; entonces va a una ventana y empieza a pensar profundamente.
En esto, sale de una habitación un enano que llevaba en la mano un palo; al ver a mi señor Galván, le dice:
—¿Qué ocurre, malvado caballero? Mala ventura tengáis por apoyaros en nuestras ventanas. Marchaos, no debéis estar aquí, pues en vos hay demasiada villanía; entrad a esconderos en una de esas habitaciones, que no se os vea.