Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago En esto ve salir de la habitación a la hermosa doncella que había llevado el rico vaso a la mesa; delante de ella iban dos cirios y dos incensarios. Cuando ya está en el centro de la sala coloca el vaso sobre una mesa de plata y mi señor Galván ve a su alrededor otros diez incensarios que no paran de echar incienso. Empiezan entonces todas las voces a cantar juntas con tanta dulzura que ningún corazón mortal sería capaz de pensarlo, y ninguna lengua terrenal de contarlo; a una sola voz decían todas: «Bendito sea el Padre de los Cielos». Después de un buen rato, la doncella toma el vaso y se lo lleva a la habitación de la que había salido; luego, las voces se separan y se marchan. Se vuelven a cerrar todas las ventanas de la sala, que se quedó tan a oscuras que mi señor Galván no podía ver nada, pero se encuentra tan a gusto que se siente sano y salvo, como si no hubiera padecido ningún daño ni dolor; ni siquiera le preocupa la herida del hombro, pues se encuentra curado: se levanta alegre y contento y va en busca del caballero que había combatido contra él, pero no puede encontrarlo.
Presta atención entonces y oye que una gran muchedumbre se acerca a donde él está; nota que lo toman por los brazos y por los hombros; por los pies y por la cabeza y lo sacan de la sala, atándolo muy bien a una carreta que había en medio del patio.