Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mientras que hablaban así, entró Lanzarote, que acababa de levantarse de dormir, pues se había pasado todo el día en el bosque y había madrugado. La dama tenía por costumbre no comer o cenar sin haberlo visto antes, si estaba en la casa: cuando se sentaba a la mesa no permitía que empezaran a servir, ni probaba nada hasta que él hubiera trinchado algo de carne y se hubiera puesto un poco de vino en su copa; después, hacía que se sentara. Y la dama se deleitaba tanto en contemplarlo como lo haría aquella que lo amara con todo el amor con que se puede amar a un niño al que se ha criado, e incluso lo amaba más, pues ninguna dama amaría tanto a un niño que no hubiera llevado en el vientre.