Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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Lanzarote atravesó la sala. Llevaba en la cabeza una corona de rosas rojas resplandecientes, que le quedaba muy bien sobre el rubio de sus cabellos. Era ya el mes de agosto, y normalmente no hay razón para que las rosas duren tanto tiempo, pero dice la historia que mientras estuvo en el lago no hubo un solo día —ya fuera invierno o verano— que no tuviera una corona de rosas rojas por la mañana, recién cortadas, para que se la pusiera en la cabeza, y así ocurría aunque se levantara muy temprano, pero no la tenía los viernes, ni la víspera de fiestas solemnes, ni durante la cuaresma. Todos los demás días encontraba Lanzarote la corona de rosas y por mucho que intentó saber quién se la llevaba, no lo consiguió. Desde que los dos niños llegaron, todas las mañanas, en cuanto se levantaba, deshacía la corona y hacía tres con ella, dándoles las otras dos a los niños: todos los que lo veían lo consideraban como una gran muestra de la gentileza de su corazón.

Atravesó la sala, tal como habéis oído, y cuando supo que su dama estaba en la habitación de los miradores, que así se llamaba, se dirigió allí con gran acompañamiento de criados, como de costumbre. El primero que lo vio llegar fue Boores, que estaba echado en el regazo de su maestro, y al verlo corrió a él diciendo:

—Señor, éste es mi maestro, que ha venido.


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