Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Combaten durante tanto tiempo que se cansan y fatigan. El del castillo siente tal calor que poco falta para que muera de angustia: le falta aliento y fuerza, Héctor lo acosa con dureza obligándole a retroceder ante los golpes de la espada que en varias ocasiones ha probado hasta la sangre; se cubre con el escudo como puede y Héctor le acosa como hombre de gran aliento; le golpea en el brazo con el que sujetaba la espada y hace que le vuele el puño y la espada al suelo, lanzando un grito lleno de dolor. Héctor mete la espada en la vaina, lo sujeta por el yelmo, se lo arranca de la cabeza y le dice que se la cortará si no se da por vencido, a lo que le contesta que no será así, por Dios. Héctor toma la espada y le golpea en el cuello haciéndole volar la cabeza a la distancia de una lanza.
Luego, les pregunta a los que había a su alrededor si queda algo por hacer, y le contestan:
—Sí, hay que liberar a la señora del castillo que está prisionera en una bodega, custodiada por dos leones.
Les contesta que está dispuesto a hacer lo que quieran.
—Venid, pues, tras nosotros.
Así lo hace, armado como estaba; lo llevan a una cueva que había bajo la torre, le indican la entrada y le dicen: