Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El caballero corre a su yelmo y se lo pone: ya estaba armado cuando lo hizo; salta sobre su caballo, que estaba dispuesto y toma el escudo y la lanza diciéndole a mi señor Yvaín que se guarde de él; galopa con la lanza bajada y mi señor Yvaín va a su encuentro del mismo modo; se dan tan grandes golpes en los escudos que los parten y atraviesan, y rompen y abren las cotas; en las carnes desnudas entran las cortantes lanzas y se golpean con los escudos, con el cuerpo y el rostro, derribándose al suelo con la punta de la lanza clavada. Mi señor Yvaín está herido en el costado derecho y el caballero tenía la herida en medio del cuerpo, que no puede levantarse del sitio en el que está. Mi señor Yvaín se reincorpora con el trozo de asta que tiene en el costado; desenvaina la espada y se dispone a atacar al caballero que le ha dado el mejor golpe de cuantos ha recibido en mucho tiempo; piensa que el otro se defenderá, pero ve que no se mueve; va a él, le arranca el yelmo de la cabeza y le amenaza con cortársela de inmediato si no se da por vencido. El caballero habla con tanto esfuerzo como quien está malherido, pide piedad y dice:
—Ay, noble caballero, no me mates; déjame vivir hasta que haya recibido a mi Salvador, pues bien sé que estoy herido de muerte; os ruego por Dios que vayáis a aquella colina en busca de un santo hombre, médico, que vive allí; hacedle traer el Corpus Domini.