Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Vuelven a ponerse en pie y toman las espadas sin aparentar estar heridos. Druas el Felón tenía la punta de la lanza en medio del costado, aunque no se hallaba en peligro de muerte y se hubiera olvidado de ello con facilidad, pero no pudo ser, pues Agravaín le acometió con la espada desenvainada, dándole un gran tajo en el yelmo, donde mejor se lo puede asestar. Druas se defiende lo mejor posible: despedazan los escudos y desmallan las cotas. La cruel batalla duró hasta la hora de tercia; ambos habían perdido bastante sangre: Agravaín llevaba lo mejor del combate, pues el otro está malherido, y lo lleva un tanto según su voluntad, un rato por aquí, otro por allí. Druas, que había perdido tanta sangre que apenas se podía mantener en pie, retrocede y cae a la tierra. Agravaín le salta encima y le arranca de la cabeza el yelmo; le da numerosos golpes con el puño de la espada en el rostro, haciendo que le brote la sangre, a la vez que le dice que se dé por vencido. Éste, que estaba herido de muerte, vio la espada desnuda sobre su cabeza, y, a pesar de todo, estaba tan repleto de felonía, que contesta que prefiere morir a clamar piedad. Agravaín le da tal tajo con la espada que hace que le vuele la cabeza. Luego, la recoge y la cuelga por los cabellos del arzón de su silla; después monta y vuelve al pabellón en el que había dejado el ataúd. Encontró allí varios frailes de una abadía blanca, que iban a tomar el cuerpo para enterrarlo.