Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Dulce padre, ¡sed bienvenido! En verdad, pensaba que mis primos os habÃan dado muerte.
—Por mi fe, asà lo habrÃan hecho de no ser por Dios y por este noble caballero que me ha rescatado, gracias a su propio valor. Ahora debéis esforzaros en servirle y en mostrarle buena cara, como corresponde a quien os ha devuelto a vuestro padre.
La doncella va a Guerrehet, le sujeta el caballo por el freno y le dice que desmonte, pero él no quiere.
—Por Dios, señor, tenéis que hacerlo y que albergaros con nosotros.
—Doncella, por Dios, si fuera hora de tomar alojamiento, no serÃa necesario que me rogarais, pues lo harÃa con mucho gusto; pero falta mucho para que anochezca y tengo que ir muy lejos: me voy a marchar ahora mismo, porque no tengo intención de entretenerme por más tiempo.
—Por Dios, señor, en vano os negáis; tenéis que quedaros, porque ya es hora de albergarse.
Cuando ve que no le queda más remedio, desmonta, pues teme que la doncella lo tenga por villano si se sigue haciendo de rogar. Salen cuatro servidores que lo desarman y lo acompañan al salón, donde le dan un manto ligero por el calor.