Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, señor, soy vasallo vuestro y mientras me necesitasteis no os abandoné. Ahora estáis por encima y ya no os hago falta: os devuelvo el homenaje, pues no aceptáis mi consejo, ni queréis escuchar mis súplicas; lo hago asà porque me parece que me estimáis en poco y que sospecháis y dudáis de mÃ; me iré a algún sitio donde se me quiera y ame. Y vosotros, señores nobles y caballeros, que consideráis a vuestro señor como afrentado y deshonrado si no toma venganza de los de dentro, ahora se verá cómo le vais a ayudar a vengarse. No hablabais asà cuando estaba en peligro de muerte ante el palacio, que yo lo salvé con mis propias manos cuando ya habÃa una espada dispuesta a clavarse en su cuerpo. Tened por seguro, vos y él, que dentro estaremos tantos caballeros como para mantener un duro combate. Pero si uno sólo de vosotros se atreve a decir que los nobles de Gaunes han cometido alguna falta en contra de su señor, aquà presente, y que por ella merecen ser desheredados y morir, estoy dispuesto a defenderlos ahora mismo.
Farién se ofrece a combatir de este modo delante del rey Claudás y tiende su gaje, pero ningún caballero se atrevió a lanzar acusación alguna. Claudás, con rostro de hombre airado, le dice a Farién: