Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se dirige hacia allí y entra completamente armado, pero sin el yelmo; la saluda de parte de Lanzarote. Al verlo, corre hacia él, con los brazos abiertos al cuello, y le dice que sea bienvenido.
—¿Cómo está Lanzarote?
—Señora, gracias a Dios, bien, teniendo en cuenta todo lo que le ha ocurrido desde que lo visteis por última vez.
—¿Cómo, no está sano y salvo?
—Señora, no, no tan bien como yo querría.
—Por mi fe es admirable lo que decís, pues no hace mucho que vino una doncella y nos dijo que estaba sano y salvo. ¿Ha caído enfermo desde entonces?
—Señora, así es, y ha estado tan grave que por poco no ha muerto.
Luego le cuenta cómo se había envenenado y con qué motivo, cómo se había hinchado, que creía que iba a morir sin confesar; y hubiera muerto sin lugar a dudas, de no ser por una doncella que se ocupó de él y ha hecho tanto que ha conseguido que se cure del veneno.
Cuando la reina oye estas palabras se queda sorprendida y no puede decir nada en un buen rato.
—Señora, y aún me he admirado más, pues se le ha caído toda la piel y ha perdido las uñas de las manos y de los pies, y todo el cabello.
La reina empieza a santiguarse y Lionel añade: