Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago En esto, Claudás había llegado al galope, con un bastón en la mano; hace que se retiren los que habían iniciado la persecución dándoles con el bastón hasta que lo rompe, y los maldice e insulta:
—¡Hijos de puta, cobardes, haré que acaben con todos vosotros!
Y poco faltó para que lo afrentaran y mataran allí mismo. Claudás, en el momento en que los separó e hizo que retrocedieran sus hombres, llevaba una cota corta de duras mallas y un capelete en la cabeza, tenía ceñida la espada y montaba un caballo fuerte y veloz.
Salieron entonces numerosos caballeros de dentro, con Lambegue al frente, que iba perfectamente armado sobre un caballo al que apreciaba mucho; llevaba la lanza enfilada e iba a galope tendido hacia Claudás, contra quien dirige caballo y lanza, cuerpo y corazón, pero le grita desde lejos, de forma que pueda escapar huyendo o defenderse. Claudás vuelve la cabeza del caballo hacia el que le daba tan grandes voces.
Lambegue le grita:
—Claudás, por la Santa Cruz, habéis llegado demasiado lejos en la persecución y os volveréis con deshonra o sabréis si el acero de mi lanza sirve para cortar.