Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Claudás ve que contra él se dirige el hombre que más lo odia, no se siente seguro, pues está sin lanza, sin yelmo y sin escudo: tiene miedo de morir si espera. Y, sin más, se da a la fuga. Lambegue galopa tras él y acercándosele le grita: «¡traidor!». El rey desenvaina la espada y vuelve la cabeza: estaba completamente solo, pues sus gentes le temÃan y habÃan retrocedido tan pronto como vieron que obligaba a que se volvieran los que acosaban a Farién.
—¿Qué te ocurre —sigue gritándole Lambegue—, malvado traidor? ¿Vuelves hacia tu enemigo mortal que no quiere nada tanto como tu muerte, cobarde sin palabra, que pretendes que maten deslealmente a mi tÃo?
Cuando Claudás oye al que lo odiaba más que nadie que lo llama cobarde y traidor, y que va al galope tras él, siente, gran temor. Sabe que corre gran peligro si lo espera, pues tendrá que esquivar el hierro de la lanza sin escudo; pero si se va sin hacer nada, se considerará deshonrado para siempre. Sin embargo, teme más una vida sin honra que una muerte digna; se encomendará a Nuestro Señor: levanta la mano derecha y se hace el signo de la cruz en el cuerpo y en la cara; después, toma la espada y vuelve la cabeza del caballo hacia el que le persigue y lo hace como si no le importara la muerte y como un valiente, y entonces empieza a gritar: