Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lo dejaron estar asà ese dÃa y no volvieron a hablar del asunto en toda la semana, hasta que Lanzarote se curó y fue ante el caballero, que se llamaba Carmadán, a darle las gracias por todo lo que habÃa hecho.
—Por Dios, aunque tuviera el mejor castillo del rey Arturo no estarÃa más contento que lo estoy por vuestra curación. Ha sido para mà un gran honor el que hayáis estado en mi casa.
—Buen señor, desearÃa irme mañana y os pido permiso.
—Señor, os lo concedo, pues asà lo deseáis, porque no os retendrÃa en contra de vuestra voluntad. Id y que Nuestro Señor os guÃe por dondequiera que vayáis.
—Que Dios lo haga.
Aquella noche el caballero hizo una fiesta mucho mayor que las que habÃa hecho hasta entonces.
Por la mañana, cuando Lanzarote se levantó, la doncella fue a verle:
—Mi dulce amiga —le dijo Lanzarote—, sed bienvenida. Quiero irme, con vuestro permiso.
—Señor, ya sabéis las condiciones que hay entre nosotros dos, e ignoro cuándo os volveré a ver. Por eso os pido que me permitáis guardar por vuestro amor una de vuestras joyas, de forma que, cuando os hayáis ido, os pueda recordar mejor.
—Doncella, con mucho gusto.