Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, si pudiera, no permitirÃa que se marchara de mi lado y lo retendrÃa conmigo, pues no podrÃa tener tesoro más rico.
—Y si no lo reconocierais, ¿qué harÃais?
—Nunca volverÃa a tener gozo; y si lo supieran en mi casa y no me lo dijeran, no dejarÃa de matar a quien me lo ocultó.
—Por Dios, no os lo ocultaré más tiempo y os lo voy a decir, porque no quiero tener vuestro odio: ése es el valiente que se sienta junto a vos.
El señor lo mira.
—Mostradme —le dice a la dama— su escudo, pues asà lo podré reconocer.
La dama ordena que se lo traigan.
—Señora, señora —le dice Lanzarote— me habéis afrentado tanto como habéis querido en vuestra casa; nunca pensé que fuerais tan villana, y no hubiera entrado nunca en vuestra casa, de haberlo sabido, por más poder que tuvierais.
—Señor, ¿acaso os pesa?
—Señora, ciertamente sÃ.
—Entonces no se volverá a hablar del asunto, ya que os pesa, pero sabed que lo hacÃa pensando que os honraba y porque os estimo.